A veces, como el que se pone una prenda que no es de su talla, nos ponemos el hombre o la mujer equivocados.
Llevamos mucho tiempo buscando nuestra talla y un modelo que nos guste, pero no hay manera. Así que un buen día (o quizá no tan bueno), ofuscados, cansados de vagar de tienda en tienda y con la vista algo nublada por la necesidad, o así lo llamamos, salimos del establecimiento al fin con una bolsa. Sí, con un… apaño.
En realidad no es el modelo que buscábamos y es un poco estrecho… de hombros. Bueno, tampoco abriga tanto, pero total, ya viene la primavera. Nos damos todas las razones del mundo para no reconocer que nos hemos llevado a casa el hombre o la mujer equivocados, pero acabamos dándonos cuenta, aunque a veces tardamos días, meses, o incluso años. Años con la persona equivocada: "Me cuesta reconocerlo, pero un poco pequeño si se me queda. Es majo, incluso adorable..., pero no me llena, no podemos mantener una conversación profunda. Se asusta, no quiere mirar más allá." "Demasiado ceñida al cuello, me ahoga un poco. Es un cielo, pero todo el día detrás de mí para ver qué hago y qué no."
Y entonces uno maldice el momento en que se ha dejado camelar por esa ridícula oferta de “Los últimos de la temporada”: pase, y llévese uno. Están rebajados, le costará menos conseguirlos porque en el fondo no es lo que quiere y eso siempre impone menos, no creemos que tengamos que estar a la altura. No lo piense mucho, que si se agotan, ya vendrán los de la nueva estación a precios que quizá usted no pueda permitirse: tener una autoestima en condiciones para esperar y elegir al que realmente le haga cosquillas en el cerebro.
Lo cotidiano, lo humano (y poco divino). Sentimientos, presentimientos, pensamientos y otras flores..., a veces con humor, casi siempre con amor.
30 de mayo de 2011
12 de mayo de 2011
La gran importancia de las pequeñeces
Quién no ha sentido en su propia piel el resultado de pequeños malos actos. En todo, desde una clase hasta un organismo público. Puedes aprobar o suspender, realizar la gestión que alguien te facilita o verte frustrado porque aplica esas lagunas legales y dificulta al máximo tu proceso. Uno puede elegir entre facilitar en lo posible la vida a los demás, incluso endulzarla, o con gesto adusto y mirada indolente poner una piedra en tu camino. Una mala información sobre un proceso de selección puede determinar tu suerte. Para obtener una subvención, una ayuda por discapacidad… La lista es infinita.
No deja de sorprenderme lo importantes que somos. Cada uno. Cada minúsculo ser humano en este gigante engranaje tiene poder. Y eso es lo que, consciente o inconscientemente, utilizan los del lado oscuro. Todos tenemos un mal día, pero hablo de los que actúan así por decreto interno. A mí me asombra. Uno puede poner un granito para favorecer a alguien, aunque sea una aportación diminuta, y elige congelar el aire a su alrededor y demostrar que tiene poder sobre ti, que sabe poner zancadillas y no tiene por qué hacer lo contrario.
Hay un tercer supuesto. El de alguien que está en medio de la persona que podría ayudar y la que requiere algo. Cuando me encuentro ahí, siento que tengo las manos atadas, intento que se incline la balanza hacia la luz con buenas formas, me indigna que por el superpodercito de esta persona ínfima se ponga una zancadilla más. Gritaría, la agitaría, pero mi casa y mi nevera dependen de esto. Estoicamente traslado un mensaje no amable con mi voz más cálida y maldigo al ser no humano.
Poder. Curiosamente, sospecho que esos seres ínfimos de alma, se sienten muy poca cosa y pretenden así inflar su ego. Habría que informarles de que con un paso al otro lado, al de la sonrisa y la mano tendida, engordarían mucho más su pobre personita, crecería inconmensurablemente su ego y todo lo que lo recubre. La luz al poder.
No deja de sorprenderme lo importantes que somos. Cada uno. Cada minúsculo ser humano en este gigante engranaje tiene poder. Y eso es lo que, consciente o inconscientemente, utilizan los del lado oscuro. Todos tenemos un mal día, pero hablo de los que actúan así por decreto interno. A mí me asombra. Uno puede poner un granito para favorecer a alguien, aunque sea una aportación diminuta, y elige congelar el aire a su alrededor y demostrar que tiene poder sobre ti, que sabe poner zancadillas y no tiene por qué hacer lo contrario.
Hay un tercer supuesto. El de alguien que está en medio de la persona que podría ayudar y la que requiere algo. Cuando me encuentro ahí, siento que tengo las manos atadas, intento que se incline la balanza hacia la luz con buenas formas, me indigna que por el superpodercito de esta persona ínfima se ponga una zancadilla más. Gritaría, la agitaría, pero mi casa y mi nevera dependen de esto. Estoicamente traslado un mensaje no amable con mi voz más cálida y maldigo al ser no humano.
Poder. Curiosamente, sospecho que esos seres ínfimos de alma, se sienten muy poca cosa y pretenden así inflar su ego. Habría que informarles de que con un paso al otro lado, al de la sonrisa y la mano tendida, engordarían mucho más su pobre personita, crecería inconmensurablemente su ego y todo lo que lo recubre. La luz al poder.
10 de mayo de 2011
Poema prosaico para un dulce capricho
Hoy he tenido un encuentro con l.c.
hacía muuucho tiempo que no ocurría
intento cuidar mi corazón y l.c.
desafortunadamente
no es lo más apropiado para él.
Pero ese rato, mmmm...
es incomparable
provoca
hoy lo he decidido
orgasmos platónicos.
Los que sentís pasión por la leche condensada
sé que me entendéis,
los que no
qué puedo decir
intentadlo de nuevo.
hacía muuucho tiempo que no ocurría
intento cuidar mi corazón y l.c.
desafortunadamente
no es lo más apropiado para él.
Pero ese rato, mmmm...
es incomparable
provoca
hoy lo he decidido
orgasmos platónicos.
Los que sentís pasión por la leche condensada
sé que me entendéis,
los que no
qué puedo decir
intentadlo de nuevo.
4 de mayo de 2011
La llave de seda que abre el corazón
Acabo de abrir este archivo en una web de una productora de sonido, como el que abre un documento cualquiera que quiere ojear. No dejo de sorprenderme del poder que tiene la música sobre nosotros, sobre mí.
Me he sentido como si un gigante me agitara de repente y tocara sin pedir permiso mis entrañas. En realidad, no era un gigante, era una mano invisible, suave, que ha sabido encontrar la puerta para desarmarme. En ese momento, todos mis tejidos sensibles se reúnen y hacen planes de salir volando hacia tierras imposibles (o inconvenientes); ellos no entienden de esas estupideces, sólo quieren su alimento. Me veo transportada de repente al centro de mí misma. ¿Es bonito? No sabría. Es vital, pero intenso, demasiado intenso a veces. Aunque basta con que cese la música para ir volviendo lentamente a la periferia, conservando un sabor agridulce del viaje repentino.
Somos un complejo entramado de luces, que se apagan y encienden en función de tantas cosas... Hay zonas que pueden permanecer apagadas décadas, incluso una vida entera. Hay zonas que, quizá, no hemos visto jamás. Hay luces que en cuanto se encienden las apagamos como el que tira un zapato a una bombilla, desesperado por borrar ese escenario. (...) Y qué no va a pasar entonces con los demás, con el mundo, si no manejamos ni nuestro cuadro de luces.
Pero no quiero acabar esta entrada en la penumbra. Una de las cosas más bellas que existen es ir alumbrando un camino que estaba oculto y queriendo a ese paisaje que se revela. Y hay muchas manos que acompañar para no recorrer solos todo el viaje.
28 de marzo de 2011
Ella nunca sonríe...
...ni su marido
ni su hija
ni su perro.
Su marido agacha las orejas,
su hija esconde su vitalidad,
tan bien la guarda que un día la buscará
y no recordará dónde la puso.
Tan bien la olvida
que un día no la buscará.
Ella nunca sonríe
arrastra su bola invisible de presa
y toca con ella todo lo que mira.
Ella nunca sonríe
no sea que entre un rayo de sol por esa leve hendidura
y destruya su universo de hielo.
Ella nunca sonríe
no sabe que existe un reino más blando
más dúctil que su cara,
una puerta de luz
que yo tampoco soy capaz de dibujar para ella,
me toca con su bola
y me convierto en su clon por un rato.
ni su hija
ni su perro.
Su marido agacha las orejas,
su hija esconde su vitalidad,
tan bien la guarda que un día la buscará
y no recordará dónde la puso.
Tan bien la olvida
que un día no la buscará.
Ella nunca sonríe
arrastra su bola invisible de presa
y toca con ella todo lo que mira.
Ella nunca sonríe
no sea que entre un rayo de sol por esa leve hendidura
y destruya su universo de hielo.
Ella nunca sonríe
no sabe que existe un reino más blando
más dúctil que su cara,
una puerta de luz
que yo tampoco soy capaz de dibujar para ella,
me toca con su bola
y me convierto en su clon por un rato.
24 de marzo de 2011
Dice el DRAE:
tonto, ta.
(De or. expr.).
1. adj. Falto o escaso de entendimiento o razón. U. t. c. s.
2. adj. Dicho de un hecho o de un dicho: Propio de un tonto.
3. adj. coloq. Que padece cierta deficiencia mental. U. t. c. s.
listo, ta.
(De or. inc.).
1. adj. Diligente, pronto, expedito.
2. adj. Apercibido, preparado, dispuesto para hacer algo.
3. adj. Sagaz, avisado. U. t. c. s.
-----------------------------------------------------------------
Un chico con una discapacidad intelectual evidente, de unos 18 años, anda de un lado para otro en la sala de espera del dentista. Dice en voz alta, bastante alta, como para sí mismo o para el que lo escuche: “Me la van a sacar hoy, me la van a sacar hoy, jo, madre mía, uf”, mientras marca un número de móvil. Entonces alguien debe de responder y empieza a hablar con quien parece ser su madre, increpándola y culpándola de su desgracia.
Mientras tanto, los que estábamos en la sala, escondíamos una sonrisa y sujetábamos la mirada para que no fuera siguiéndolo como si fuera un trovador. Los pensamientos no se veían aunque se podían intuir.
Pasa a la consulta, hablando abiertamente de su miedo y cerciorándose de que es ese el día en que le van a sacar la muela. Cuando sale, ya con un tono más distendido se dirige al mostrador de recepción para pagar y se le oye hablar con las recepcionistas como si se conocieran de toda la vida. Las chicas se reían y se respiraba una alegría y relajación poco habituales en ese mostrador.
Qué curioso, no, que los supuestamente tontos sean los que hablan con todo el mundo y expresan sus emociones estén donde estén aunque no te conozcan.
Luego estamos los listos. Los que vamos en nuestra burbuja, no hablamos con nadie a no ser que haya una buena excusa y mostramos las emociones sólo en sitios protegidos, no vaya a ser...
tonto, ta.
(De or. expr.).
1. adj. Falto o escaso de entendimiento o razón. U. t. c. s.
2. adj. Dicho de un hecho o de un dicho: Propio de un tonto.
3. adj. coloq. Que padece cierta deficiencia mental. U. t. c. s.
listo, ta.
(De or. inc.).
1. adj. Diligente, pronto, expedito.
2. adj. Apercibido, preparado, dispuesto para hacer algo.
3. adj. Sagaz, avisado. U. t. c. s.
-----------------------------------------------------------------
Un chico con una discapacidad intelectual evidente, de unos 18 años, anda de un lado para otro en la sala de espera del dentista. Dice en voz alta, bastante alta, como para sí mismo o para el que lo escuche: “Me la van a sacar hoy, me la van a sacar hoy, jo, madre mía, uf”, mientras marca un número de móvil. Entonces alguien debe de responder y empieza a hablar con quien parece ser su madre, increpándola y culpándola de su desgracia.
Mientras tanto, los que estábamos en la sala, escondíamos una sonrisa y sujetábamos la mirada para que no fuera siguiéndolo como si fuera un trovador. Los pensamientos no se veían aunque se podían intuir.
Pasa a la consulta, hablando abiertamente de su miedo y cerciorándose de que es ese el día en que le van a sacar la muela. Cuando sale, ya con un tono más distendido se dirige al mostrador de recepción para pagar y se le oye hablar con las recepcionistas como si se conocieran de toda la vida. Las chicas se reían y se respiraba una alegría y relajación poco habituales en ese mostrador.
Qué curioso, no, que los supuestamente tontos sean los que hablan con todo el mundo y expresan sus emociones estén donde estén aunque no te conozcan.
Luego estamos los listos. Los que vamos en nuestra burbuja, no hablamos con nadie a no ser que haya una buena excusa y mostramos las emociones sólo en sitios protegidos, no vaya a ser...
14 de marzo de 2011
Esto es una historia real
Autobús. Madrid. Seis de la tarde.
Un hombre se dirige con un carrito de bebé a la puertas de atrás. Subo al autobús. Otro hombre se acerca a la puerta delantera y le dice al conductor: "Ha pillado el carrito de un niño", a lo que el conductor le responde: "Yo tengo que hacer mi trabajo". El hombre, con carrito más niño viene de vuelta hacia la puerta delantera, sube al autobús e increpa al conductor, que responde que por ahí no se puede entrar, que cumple con su obligación. El hombre del carrito (sudamericano) le dice, gritando, que no le grite, que le trate como a las personas, y repite, que le trate como a las personas. Entra hacia dentro refunfuñando para rebajar su humillación, con su hijo y su mujer, que acaba de entrar en escena como salida de la nada y plegada hacia dentro, como si quisiera hacer desaparecer su cara.
No pasa un minuto cuando aparece un señor cojo y se queda de pie agarrado a una barra. Otro hombre le ve y le ofrece un asiento en el que está sentada una chica, visiblemente molesto porque nadie se digna a ofrecérselo. El hombre que cojea, le dice que no, gracias y el otro insiste un buen rato, la chica se levanta sintiéndose violenta y no sabiendo dónde meterse, ella no debe conocer el secreto de plegado de la mujer del hombre del carrito. Definitivamente dice que no y el otro considera que ya ha hecho bastante y logra dejar de insistir, dejando a su alrededor un aire de incomodidad que tampoco encuentra asiento.
Ya llevaba un rato el hombre anterior insistiendo cuando entra una chica joven, unos veintipico, hablando por el móvil. Está enfadada, se defiende, parece que al otro lado la están recriminando. "Que no, que yo no te he colgado, que me has colgado tú, que no...". Argumenta un exceso de control, que está harta, pero que ella no ha colgado. Yo no sé quién cuelga, pero durante unos diez minutos sigue la misma conversación, con lo que uno de los dos interlocutores está colgando, evidentemente. Y el aire, apenas recuperado del señor del carrito y aún muy afectado con el otro señor que quería ayudar al hombre cojo, se empieza a cuartear alrededor de la chica que nunca cuelga el teléfono y se propaga por el interior del autobús una nube de pena sin procesar que tiene aspecto de nube de guerra. Es lo que ocurre con las penas en bruto, se convierten muchas veces en gritos y hielo, sin que nos demos cuenta.
Yo, atónita y tomando notas, giro la cabeza de un lado a otro según van apareciendo los personajes. Parece un happening más que una escena real.
Es urgente amar. Urge un bombardeo a discreción de endorfinas, ¿cómo es que los políticos no se dan cuenta? Marihuana, éxtasis, no sé... Cualquier cosa menos esto. No soy demasiado amiga de las drogas, pero esa tarde me dio que pensar. Nos asustamos de lo que se conoce como drogas y la realidad es que hay media población empastillada, otra media si no alcohólica, con altos niveles en sangre. Quizá ya más de media, con labios, tetas, culos y pómulos que no les corresponden. Hasta las niñas compran tetas nuevas que les pagan sus padres como premio a los estudios. Qué paradoja, no serán estudios de filosofía o psicología, ¿no?
Es inaplazable incluir una nueva asignatura en los colegios: cómo ser feliz. Y con la misma importancia que las matemáticas, recuperar cuando se suspenda y no pasar de curso hasta que no se consiga conocer a fondo. Pero mientras tanto, llamadme romántica o cosas peores, pero ya estoy ideando un sistema para que la hierba de la risa o la pastillita del amor, nos llegue a todos casi sin que nos demos cuenta y en pequeñas dosis, que tampoco es cuestión de que nos dé un síncope ni aunque sea a costa de la felicidad.
Un hombre se dirige con un carrito de bebé a la puertas de atrás. Subo al autobús. Otro hombre se acerca a la puerta delantera y le dice al conductor: "Ha pillado el carrito de un niño", a lo que el conductor le responde: "Yo tengo que hacer mi trabajo". El hombre, con carrito más niño viene de vuelta hacia la puerta delantera, sube al autobús e increpa al conductor, que responde que por ahí no se puede entrar, que cumple con su obligación. El hombre del carrito (sudamericano) le dice, gritando, que no le grite, que le trate como a las personas, y repite, que le trate como a las personas. Entra hacia dentro refunfuñando para rebajar su humillación, con su hijo y su mujer, que acaba de entrar en escena como salida de la nada y plegada hacia dentro, como si quisiera hacer desaparecer su cara.
No pasa un minuto cuando aparece un señor cojo y se queda de pie agarrado a una barra. Otro hombre le ve y le ofrece un asiento en el que está sentada una chica, visiblemente molesto porque nadie se digna a ofrecérselo. El hombre que cojea, le dice que no, gracias y el otro insiste un buen rato, la chica se levanta sintiéndose violenta y no sabiendo dónde meterse, ella no debe conocer el secreto de plegado de la mujer del hombre del carrito. Definitivamente dice que no y el otro considera que ya ha hecho bastante y logra dejar de insistir, dejando a su alrededor un aire de incomodidad que tampoco encuentra asiento.
Ya llevaba un rato el hombre anterior insistiendo cuando entra una chica joven, unos veintipico, hablando por el móvil. Está enfadada, se defiende, parece que al otro lado la están recriminando. "Que no, que yo no te he colgado, que me has colgado tú, que no...". Argumenta un exceso de control, que está harta, pero que ella no ha colgado. Yo no sé quién cuelga, pero durante unos diez minutos sigue la misma conversación, con lo que uno de los dos interlocutores está colgando, evidentemente. Y el aire, apenas recuperado del señor del carrito y aún muy afectado con el otro señor que quería ayudar al hombre cojo, se empieza a cuartear alrededor de la chica que nunca cuelga el teléfono y se propaga por el interior del autobús una nube de pena sin procesar que tiene aspecto de nube de guerra. Es lo que ocurre con las penas en bruto, se convierten muchas veces en gritos y hielo, sin que nos demos cuenta.
Yo, atónita y tomando notas, giro la cabeza de un lado a otro según van apareciendo los personajes. Parece un happening más que una escena real.
Es urgente amar. Urge un bombardeo a discreción de endorfinas, ¿cómo es que los políticos no se dan cuenta? Marihuana, éxtasis, no sé... Cualquier cosa menos esto. No soy demasiado amiga de las drogas, pero esa tarde me dio que pensar. Nos asustamos de lo que se conoce como drogas y la realidad es que hay media población empastillada, otra media si no alcohólica, con altos niveles en sangre. Quizá ya más de media, con labios, tetas, culos y pómulos que no les corresponden. Hasta las niñas compran tetas nuevas que les pagan sus padres como premio a los estudios. Qué paradoja, no serán estudios de filosofía o psicología, ¿no?
Es inaplazable incluir una nueva asignatura en los colegios: cómo ser feliz. Y con la misma importancia que las matemáticas, recuperar cuando se suspenda y no pasar de curso hasta que no se consiga conocer a fondo. Pero mientras tanto, llamadme romántica o cosas peores, pero ya estoy ideando un sistema para que la hierba de la risa o la pastillita del amor, nos llegue a todos casi sin que nos demos cuenta y en pequeñas dosis, que tampoco es cuestión de que nos dé un síncope ni aunque sea a costa de la felicidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)