Sólo quiero acurrucarme en ti,
soñar.
Que sostengas tú mis lágrimas
inconmovible amigo.
Tengo tanto miedo de abrirles la puerta
y que no se vayan nunca.
No puedo más.
Me gustaría haberme quedado sordo también
para no escucharme.
¿Cómo describir mi balbuceo?
Un motor que no arranca.
Me siento tan torpe.
Una palabra es un siglo.
Imposible recorrer esa distancia.
Grito por dentro
que soy el de siempre,
pero el eco no me oye.
Sólo acurrucarme en ti,
que me arrulles
sentir tu caricia (Dios mío, ¿me estaré volviendo loco?).
Me gusta imaginar
que una mano suave
se desliza por mi mejilla.
Me gusta imaginar
que no es un sueño,
que cualquier día ella vendrá a buscarme.
Me gusta
¿qué le voy a hacer?
imaginar
que aquel día no cogí el coche.
Lo peor es que luego no sé volver,
intento buscar una salida
que no me rasgue el alma
pero no la encuentro.
Y me envuelvo entre tus páginas.
Me dan libertad.
Volar,
aterrizar,
jugar a romperme
volviendo después a hacer el puzzle.
Lo cotidiano, lo humano (y poco divino). Sentimientos, presentimientos, pensamientos y otras flores..., a veces con humor, casi siempre con amor.
30 de enero de 2007
29 de enero de 2007
Proceso creativo
El otro día se me apareció esta frase:
"Enciendo mi sombrero...",
pero no le encontraba sentido,
sin embargo me hacía sentir increíblemente bien. Sin saber por qué. Y seguí buscando, insistiendo, aunque pensaba al mismo tiempo que era un poco absurda.
Y hoy al fin,
ENCIENDO MI SOMBRERO
y se iluminan las habitaciones de mi mente.
Te encuentro en un rincón,
agazapado,
intentando esconder las manos,
llenas de respuestas.
Qué niño sigues siendo...
Ahora no me cabe ninguna duda:
fuiste tú quien volvió a apagar la luz.
Enciendo mi sombrero
y cantan las luciérnagas en la solapa de mi abrigo.
Sonrío,
no sé si por dentro o por fuera.
Se han despertado mis hilos conductores
y estoy otra vez, técnicamente viva.
"Enciendo mi sombrero...",
pero no le encontraba sentido,
sin embargo me hacía sentir increíblemente bien. Sin saber por qué. Y seguí buscando, insistiendo, aunque pensaba al mismo tiempo que era un poco absurda.
Y hoy al fin,
ENCIENDO MI SOMBRERO
y se iluminan las habitaciones de mi mente.
Te encuentro en un rincón,
agazapado,
intentando esconder las manos,
llenas de respuestas.
Qué niño sigues siendo...
Ahora no me cabe ninguna duda:
fuiste tú quien volvió a apagar la luz.
Enciendo mi sombrero
y cantan las luciérnagas en la solapa de mi abrigo.
Sonrío,
no sé si por dentro o por fuera.
Se han despertado mis hilos conductores
y estoy otra vez, técnicamente viva.
28 de enero de 2007
Espejismo
La sed
dibujó nuestras siluetas
y nos bebimos
creyéndonos oasis.
Después caímos exhaustos
y ya no pudimos abrazar
nuestros cuerpos de arena.
dibujó nuestras siluetas
y nos bebimos
creyéndonos oasis.
Después caímos exhaustos
y ya no pudimos abrazar
nuestros cuerpos de arena.
28 de diciembre de 2006
13 de diciembre de 2006
Alma de máquina
La felicidad no es
compatible con mi sistema operativo,
tengo una versión antigua,
un programa obsoleto
de apego al dolor.
Cada vez que una situación
me intenta generar
una producción de endorfinas en bloque,
mis circuitos liberan adrenalina
como si en lugar de hormonas de la felicidad
fueran un ejército de horcos.
He de reconocer
que ese programa que me insertaron
es muy bueno
y resistente.
Aunque quizá
yo alimente, sin querer,
a este fósil
que no provoca más que averías y cortocircuitos.
Ya está.
HOY, un día cualquiera,
sin esperar una fecha especial
como el principio de año,
que ahora sería muy fácil.
HOY,
adquiero un programa nuevo,
pago el primer plazo
de un sistema renovado que me permite
derrochar sonrisas
y me inhabilita
para dejar que las culebras anden en mi estómago
como por su casa.
HOY.
Ahora.
compatible con mi sistema operativo,
tengo una versión antigua,
un programa obsoleto
de apego al dolor.
Cada vez que una situación
me intenta generar
una producción de endorfinas en bloque,
mis circuitos liberan adrenalina
como si en lugar de hormonas de la felicidad
fueran un ejército de horcos.
He de reconocer
que ese programa que me insertaron
es muy bueno
y resistente.
Aunque quizá
yo alimente, sin querer,
a este fósil
que no provoca más que averías y cortocircuitos.
Ya está.
HOY, un día cualquiera,
sin esperar una fecha especial
como el principio de año,
que ahora sería muy fácil.
HOY,
adquiero un programa nuevo,
pago el primer plazo
de un sistema renovado que me permite
derrochar sonrisas
y me inhabilita
para dejar que las culebras anden en mi estómago
como por su casa.
HOY.
Ahora.
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