Nunca lo había visto así, pero esta mañana mientras un aria de Mozart me ayudaba a subir la cuesta del lunes, lo he sentido claramente. Ahí estaban la mano y la mente del músico, intactas, desplegando con maestría sus emociones; y todo el corazón y el alma que ese día dejó él en la partitura, susurraban hoy en mis oídos, como si fuera entonces. Viajaban por mis células hasta abrir mi corazón como una flor. Esa es la magia del arte, trasciende el tiempo. Gracias, Wolfang, por La flauta mágica, y sobre todo, te daría un abrazo inmenso por el aria de Tamino.
Amor primigenio
La naturaleza en su versión más dulce
nos seduce con sus cantos verdes
su luz, sus colores
y una caricia de aire que
sin necesidad de pedir permiso
visita nuestra piel, perezosa de invierno,
y nos da un baño de cariño de viento.
Entonces nuestros recovecos más tristes
desperezan su ánimo
y despliegan sonrisas de calma
que alimentan el aire,
y empieza el ciclo otra vez...
Ellos también aman
Qué imagen, ¿no? Confieso que después de encontrarlos, no pude resistirme a escuchar la conversación:
-Árbol: "Qué hojas más verdes tienes esta mañana". "No he visto rama igual".
-Árbola: "Me enlazaría en tu tronco hasta que tuviéramos veinte mil nudos".
-Árbol: "Yo me enredaría entre tus hojas al amanecer para beberme cada gota de rocío".
-Árbola: "Y yo daría un paseo por tu limbo, deteniéndome en cada uno de tus nervios".
-Árbol: "Pues yo me abrazaría a esa rama sinuosa que me ofreces y viajaría contigo a esos lugares increíbles que nos traen las aves con sus relatos".
Enternecedor, ¿verdad? Quizá inconscientes al hablar de siglos..., quién sabe, yo en todo caso les deseo un estupendo presente.