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13 de junio de 2011

¿Será la primavera...?

El amor viaja en el tiempo a través de la música


Nunca lo había visto así, pero esta mañana mientras un aria de Mozart me ayudaba a subir la cuesta del lunes, lo he sentido claramente. Ahí estaban la mano y la mente del músico, intactas, desplegando con maestría sus emociones; y todo el corazón y el alma que ese día dejó él en la partitura, susurraban hoy en mis oídos, como si fuera entonces. Viajaban por mis células hasta abrir mi corazón como una flor. Esa es la magia del arte, trasciende el tiempo. Gracias, Wolfang, por La flauta mágica, y sobre todo, te daría un abrazo inmenso por el aria de Tamino.

Amor primigenio

La naturaleza en su versión más dulce
nos seduce con sus cantos verdes
su luz, sus colores
y una caricia de aire que
sin necesidad de pedir permiso
visita nuestra piel, perezosa de invierno,
y nos da un baño de cariño de viento.

Entonces nuestros recovecos más tristes
desperezan su ánimo
y despliegan sonrisas de calma
que alimentan el aire,
y empieza el ciclo otra vez...


Ellos también aman





Qué imagen, ¿no? Confieso que después de encontrarlos, no pude resistirme a escuchar la conversación:
-Árbol: "Qué hojas más verdes tienes esta mañana". "No he visto rama igual".
-Árbola: "Me enlazaría en tu tronco hasta que tuviéramos veinte mil nudos".
-Árbol: "Yo me enredaría entre tus hojas al amanecer para beberme cada gota de rocío".
-Árbola: "Y yo daría un paseo por tu limbo, deteniéndome en cada uno de tus nervios".
-Árbol: "Pues yo me abrazaría a esa rama sinuosa que me ofreces y viajaría contigo a esos lugares increíbles que nos traen las aves con sus relatos".

Enternecedor, ¿verdad? Quizá inconscientes al hablar de siglos..., quién sabe, yo en todo caso les deseo un estupendo presente.

20 de abril de 2010

Primavera gris




Cómo me gusta extender todos mis brazos y recrearme: aquí una hoja, allí un brote... Aunque como veis no todos, hay uno que necesito para decirle a la primavera: este año cuándo vas a venir, te estamos esperando...

Lunas sin sol



Está oscuro, llueven coches un poco más abajo. Me refugio en tu corteza, así, muy pegadita a tu tronco, quitando un poco de noche a tu estampa. Como una luna de ciudad, tu luna.

28 de febrero de 2010

¿Tú qué cultivas?

Unos rayos de sol después de tanta nube pueden ser una auténtica celebración. Salí a caminar, a moverme, a desengrasarme. Eso por si solo suele alegrarme bastante y si llevo la música adecuada mucho más, aunque corro el riesgo de que piensen que estoy un poco fuera de órbita porque me entran unas enormes ganas de bailar y aunque no lo hago algún breve movimiento se escapa y se me instala una sonrisa inmensa. Y pienso que es una buena forma de cultivar la alegría. Hay muchas pero las canciones marchosas de la banda sonora de Cabaret me transmiten una fuerza y una vitalidad que me hacen comprobar cómo realmente nos movemos por emociones. Con ellas siento que podría escalar el Everest.

Cuando decido terminar descansando junto al arrullo de la fuente y el calorcito del sol, me tumbo en un banco de piedra y me encuentro con este regalo que me ha apetecido compartir con vosotros, junto con mi alegría y las ganas de seguirla cultivando. Bóvedas de árboles con nubes, dos de mis pasiones, con un aderezo de farola evocadora. Qué más se puede pedir.









18 de enero de 2010

Hace un ratito he respirado primavera. Podía ir con la bufanda suelta y sin encoger los hombros de frío. He asomado la cara al cielo a ver qué me decía y me he encontrado con unas breves copas de árboles, casi ramas. Pero ha sido suficiente para saciar mi apetito de bóvedas*. Han dibujado contra las nubes una postal japonesa. He caminado un momento sin mirar otra cosa, respirando consciente ese breve lapso en el invierno. Después, de vuelta al trabajo, he subido las escaleras casi de dos en dos.



*Los que no conozcáis esta pasión mía, podéis mirar la etiqueta. En breve a ver si cuelgo más fotos que tengo por ahí dormidas.