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21 de julio de 2008

Que alguien maneje mi barca

Hay momentos de tal caos mental...
¿Por qué me costará tanto organizarme?
La comida, el ocio, dormir, hacer ejercicio (intentarlo)
salir, estar sola, planchar o ¡mierda, otra vez sin nada que ponerme!
limpiar esas ventanas que hace ya... tiempo, nadie toca
romper el cordón invisible que me une a la tele y leer
llevar el blog más al día (o más al mes)
preparar mejor mis clases...
Ahhhhhhhhhggggggggg!
Me rindo.
Que me gestione otro.
¿Es que no se me puede transferir?

12 de diciembre de 2007

Analfabetismo emocional

Y ahora de qué me sirven
la geografía, las matemáticas, la historia...
¿Qué hago,
elevo al cubo tu cariño
o divido por mil mi falta de tacto?
O mejor hallo la hipotenusa
de nuestro triángulo: tú, yo y la incertidumbre...

Quiero olvidar los ríos, las preposiciones,
los tiempos verbales,
y saber manejar mis emociones
o al menos que no me manejen ellas a mí.

Quizá, quizá
yo sea muy mala alumna en esa asignatura
puede que hubiera suspendido
incluso repetido curso.
Pero no soy la única
si no, ¿por qué medio mundo toma pastillas para:
no morirse, no matar, poder dormir, estar de pie,
sonreír de vez en cuando?

Y de los que no tomamos pastillas habitualmente
muchos, muchos,
vivimos en un continuo preescolar
haciendo garabatos
que nunca llegan a convertirse
en dibujos
y viviendo un continuo ajetreo interno,
que de niños era bonito
pero después de años de andar deshojando margaritas
a uno se le queda un cuerpo de barco
que ya siente el oleaje aunque esté en tierra.

Ya sé que la vida es una escuela.
Es que si no
todavía estaría deshojando la primera margarita.

15 de agosto de 2007

Desabrocharme de mi máscara, aunque sea por un momento

Quiero irme lejos,
muy lejos,
donde nadie me alcance.

Perderme
desconocerme
anticiparme a mis palabras
dejar de beber el agua
de todos los días.

Despeinarme.

Romper el hilo de mis pensamientos.

Que el viento del mar
entre en mi materia gris y la sacuda
como el amor agita el corazón dormido.

Lejos, lejos
de todo
de mí.

23 de junio de 2007

40 titanes o un giro mental

Me sujeto,
con la fuerza de
40 hombres,
aplacándome
atándome de pies y manos
para no reaccionar otra
otra otra otra vez
de la misma forma que siempre.
No quiero hacernos daño
al menos a ti,
y quizá yo,
de paso,
madure.

40 titanes son necesarios
para que mi pequeña mano
no marque ese número,
y mi breve lengua
no articule esa incómoda frase.

La soledad
vive su mejor momento
llenando con su vacío
todo mi cuerpo
y más allá.

Es como un romper de huesos
un ensanchamiento de músculos
¿será esto crecer?
Recuerdo haber oído de niña
"le duelen las rodillas porque está creciendo".
Creo que sí
que he dado un pequeño estirón,
y es algo más serena la visión
desde este nuevo horizonte.