Parece que de nada sirve cambiar de compañía. Después de horas perdidas al teléfono, de una hermosa energía desperdiciada en reclamaciones, explicaciones, admiraciones y demás ...ciones, cambias de empresa, en este caso mensajería, pero podría ser telefonía o, al parecer, cualquier otra que acabe en ...ía. Lo siento, me pierden los chistes, cambias de firma, como decía, y no cambia nada más que la música y la locución.
Me he indignado mucho ante el teléfono, las personas que me atendían (que muchas veces no tienen culpa, otras sí) y el mundo en general. Sobre todo ante mí, que era la que sufría en mis células el resultado de la indignación. Indignarse está bien como postura, pero si uno se altera en ese viaje, acaba pagándolo su cuerpo y su energía.
La conclusión es que el sistema, el SISTEMA, es lo que no funciona. Y mientras lo incluímos en la lista del 15M, qué hacemos con nuestra rabia, cómo gestionamos esa emoción, como está tan de moda decir ahora.
Yo, personalmente, ahora adopto un aire triste, de derrota anunciada, espero mejorarlo en el futuro, pero por el momento me conformo con que la producción de ira en mi organismo haya disminuido, por el bien de mi propio organismo y del de la persona al otro lado del teléfono, que con un sueldo mísero tiene que sostener cada día el innombrable sistema con las incontables quejas que produce.
Vivir en la ira es desaconsejable según muchos expertos en salud emocional, pero el sistemita este que tanta nos genera debería estar obligado a proveernos de un paliativo: un masaje relajante y conciliador, un aluvión de sonrisas al unísono, una lluvia de palabras cariñosas... Se admiten propuestas.
Lo cotidiano, lo humano (y poco divino). Sentimientos, presentimientos, pensamientos y otras flores..., a veces con humor, casi siempre con amor.
7 de junio de 2011
5 de junio de 2011
Construirse
A veces hay que entrar dentro para volver a salir.
Permanecer en la quietud,
a pesar de sentir
que nuestro interior es un mar agitándose,
que no sabemos dónde poner los pies
ni si tenemos pies.
Al principio es duro
uno patalea como un niño
y sale huyendo hacia cualquier parte,
cualquier trozo de mundo que no sea uno mismo nos sirve
para intentar desdibujar nuestros fantasmas.
Pero si se tiene paciencia
después de pensar, reflexionar, llorar..., y hartarse de cuerpo entero
de repetir siempre lo mismo
hay entonces un pasito de gigante que aparece como una dulce huella
en tu renovado camino:
es una sensación de que tienes una casa que te acoge
y de que tu dolor se amortigua entre sus paredes mullidas,
son tus brazos que se han abierto para ti, al fin.
Estás ahí,
ya no hay que salir huyendo
has construido tu propio hogar
poco a poco todo tu ser va teniendo espacio en él
todas esas partes que antes desechabas
ahora las sostienes en tus manos,
como el que coge un pañuelo delicado,
y lo mira despacio admirando su color y su textura
su belleza
que no proviene sino de su autenticidad
de su vulnerabilidad que ya no se oculta.
Una mano
tu mano
está empezando a coser tus retales
y aún cuando en momentos todavía te sientes rota
sabes que hay un hilo que te va construyendo
y percibes algo parecido a la unidad
porque es un hilo de amor
que ha encontrado una fórmula para enseñarte
que por más roto que esté algo
cuando él pasa y lo toca
se acaban las fisuras
y llega el calor
que ilumina un tapiz completo, querido, único.
El tuyo.
Permanecer en la quietud,
a pesar de sentir
que nuestro interior es un mar agitándose,
que no sabemos dónde poner los pies
ni si tenemos pies.
Al principio es duro
uno patalea como un niño
y sale huyendo hacia cualquier parte,
cualquier trozo de mundo que no sea uno mismo nos sirve
para intentar desdibujar nuestros fantasmas.
Pero si se tiene paciencia
después de pensar, reflexionar, llorar..., y hartarse de cuerpo entero
de repetir siempre lo mismo
hay entonces un pasito de gigante que aparece como una dulce huella
en tu renovado camino:
es una sensación de que tienes una casa que te acoge
y de que tu dolor se amortigua entre sus paredes mullidas,
son tus brazos que se han abierto para ti, al fin.
Estás ahí,
ya no hay que salir huyendo
has construido tu propio hogar
poco a poco todo tu ser va teniendo espacio en él
todas esas partes que antes desechabas
ahora las sostienes en tus manos,
como el que coge un pañuelo delicado,
y lo mira despacio admirando su color y su textura
su belleza
que no proviene sino de su autenticidad
de su vulnerabilidad que ya no se oculta.
Una mano
tu mano
está empezando a coser tus retales
y aún cuando en momentos todavía te sientes rota
sabes que hay un hilo que te va construyendo
y percibes algo parecido a la unidad
porque es un hilo de amor
que ha encontrado una fórmula para enseñarte
que por más roto que esté algo
cuando él pasa y lo toca
se acaban las fisuras
y llega el calor
que ilumina un tapiz completo, querido, único.
El tuyo.
Cuando te nombran, de Gloria Fuertes
Algunos ya conocéis mi pasión por Gloria Fuertes y su poco conocida poesía para adultos, que no es que sea X sino que no es para niños. Un libro de poemas de amor es mi predilecto: "Pecábamos como ángeles". Este poema es de ese libro. No sé si ella se iría al final al otro mundo con su nombre en la boca, pero espero que si algún átomo suyo sigue en alguna parte sea en un lugar acogedor.
30 de mayo de 2011
Cosquillas en el cerebro
A veces, como el que se pone una prenda que no es de su talla, nos ponemos el hombre o la mujer equivocados.
Llevamos mucho tiempo buscando nuestra talla y un modelo que nos guste, pero no hay manera. Así que un buen día (o quizá no tan bueno), ofuscados, cansados de vagar de tienda en tienda y con la vista algo nublada por la necesidad, o así lo llamamos, salimos del establecimiento al fin con una bolsa. Sí, con un… apaño.
En realidad no es el modelo que buscábamos y es un poco estrecho… de hombros. Bueno, tampoco abriga tanto, pero total, ya viene la primavera. Nos damos todas las razones del mundo para no reconocer que nos hemos llevado a casa el hombre o la mujer equivocados, pero acabamos dándonos cuenta, aunque a veces tardamos días, meses, o incluso años. Años con la persona equivocada: "Me cuesta reconocerlo, pero un poco pequeño si se me queda. Es majo, incluso adorable..., pero no me llena, no podemos mantener una conversación profunda. Se asusta, no quiere mirar más allá." "Demasiado ceñida al cuello, me ahoga un poco. Es un cielo, pero todo el día detrás de mí para ver qué hago y qué no."
Y entonces uno maldice el momento en que se ha dejado camelar por esa ridícula oferta de “Los últimos de la temporada”: pase, y llévese uno. Están rebajados, le costará menos conseguirlos porque en el fondo no es lo que quiere y eso siempre impone menos, no creemos que tengamos que estar a la altura. No lo piense mucho, que si se agotan, ya vendrán los de la nueva estación a precios que quizá usted no pueda permitirse: tener una autoestima en condiciones para esperar y elegir al que realmente le haga cosquillas en el cerebro.
Llevamos mucho tiempo buscando nuestra talla y un modelo que nos guste, pero no hay manera. Así que un buen día (o quizá no tan bueno), ofuscados, cansados de vagar de tienda en tienda y con la vista algo nublada por la necesidad, o así lo llamamos, salimos del establecimiento al fin con una bolsa. Sí, con un… apaño.
En realidad no es el modelo que buscábamos y es un poco estrecho… de hombros. Bueno, tampoco abriga tanto, pero total, ya viene la primavera. Nos damos todas las razones del mundo para no reconocer que nos hemos llevado a casa el hombre o la mujer equivocados, pero acabamos dándonos cuenta, aunque a veces tardamos días, meses, o incluso años. Años con la persona equivocada: "Me cuesta reconocerlo, pero un poco pequeño si se me queda. Es majo, incluso adorable..., pero no me llena, no podemos mantener una conversación profunda. Se asusta, no quiere mirar más allá." "Demasiado ceñida al cuello, me ahoga un poco. Es un cielo, pero todo el día detrás de mí para ver qué hago y qué no."
Y entonces uno maldice el momento en que se ha dejado camelar por esa ridícula oferta de “Los últimos de la temporada”: pase, y llévese uno. Están rebajados, le costará menos conseguirlos porque en el fondo no es lo que quiere y eso siempre impone menos, no creemos que tengamos que estar a la altura. No lo piense mucho, que si se agotan, ya vendrán los de la nueva estación a precios que quizá usted no pueda permitirse: tener una autoestima en condiciones para esperar y elegir al que realmente le haga cosquillas en el cerebro.
12 de mayo de 2011
La gran importancia de las pequeñeces
Quién no ha sentido en su propia piel el resultado de pequeños malos actos. En todo, desde una clase hasta un organismo público. Puedes aprobar o suspender, realizar la gestión que alguien te facilita o verte frustrado porque aplica esas lagunas legales y dificulta al máximo tu proceso. Uno puede elegir entre facilitar en lo posible la vida a los demás, incluso endulzarla, o con gesto adusto y mirada indolente poner una piedra en tu camino. Una mala información sobre un proceso de selección puede determinar tu suerte. Para obtener una subvención, una ayuda por discapacidad… La lista es infinita.
No deja de sorprenderme lo importantes que somos. Cada uno. Cada minúsculo ser humano en este gigante engranaje tiene poder. Y eso es lo que, consciente o inconscientemente, utilizan los del lado oscuro. Todos tenemos un mal día, pero hablo de los que actúan así por decreto interno. A mí me asombra. Uno puede poner un granito para favorecer a alguien, aunque sea una aportación diminuta, y elige congelar el aire a su alrededor y demostrar que tiene poder sobre ti, que sabe poner zancadillas y no tiene por qué hacer lo contrario.
Hay un tercer supuesto. El de alguien que está en medio de la persona que podría ayudar y la que requiere algo. Cuando me encuentro ahí, siento que tengo las manos atadas, intento que se incline la balanza hacia la luz con buenas formas, me indigna que por el superpodercito de esta persona ínfima se ponga una zancadilla más. Gritaría, la agitaría, pero mi casa y mi nevera dependen de esto. Estoicamente traslado un mensaje no amable con mi voz más cálida y maldigo al ser no humano.
Poder. Curiosamente, sospecho que esos seres ínfimos de alma, se sienten muy poca cosa y pretenden así inflar su ego. Habría que informarles de que con un paso al otro lado, al de la sonrisa y la mano tendida, engordarían mucho más su pobre personita, crecería inconmensurablemente su ego y todo lo que lo recubre. La luz al poder.
No deja de sorprenderme lo importantes que somos. Cada uno. Cada minúsculo ser humano en este gigante engranaje tiene poder. Y eso es lo que, consciente o inconscientemente, utilizan los del lado oscuro. Todos tenemos un mal día, pero hablo de los que actúan así por decreto interno. A mí me asombra. Uno puede poner un granito para favorecer a alguien, aunque sea una aportación diminuta, y elige congelar el aire a su alrededor y demostrar que tiene poder sobre ti, que sabe poner zancadillas y no tiene por qué hacer lo contrario.
Hay un tercer supuesto. El de alguien que está en medio de la persona que podría ayudar y la que requiere algo. Cuando me encuentro ahí, siento que tengo las manos atadas, intento que se incline la balanza hacia la luz con buenas formas, me indigna que por el superpodercito de esta persona ínfima se ponga una zancadilla más. Gritaría, la agitaría, pero mi casa y mi nevera dependen de esto. Estoicamente traslado un mensaje no amable con mi voz más cálida y maldigo al ser no humano.
Poder. Curiosamente, sospecho que esos seres ínfimos de alma, se sienten muy poca cosa y pretenden así inflar su ego. Habría que informarles de que con un paso al otro lado, al de la sonrisa y la mano tendida, engordarían mucho más su pobre personita, crecería inconmensurablemente su ego y todo lo que lo recubre. La luz al poder.
10 de mayo de 2011
Poema prosaico para un dulce capricho
Hoy he tenido un encuentro con l.c.
hacía muuucho tiempo que no ocurría
intento cuidar mi corazón y l.c.
desafortunadamente
no es lo más apropiado para él.
Pero ese rato, mmmm...
es incomparable
provoca
hoy lo he decidido
orgasmos platónicos.
Los que sentís pasión por la leche condensada
sé que me entendéis,
los que no
qué puedo decir
intentadlo de nuevo.
hacía muuucho tiempo que no ocurría
intento cuidar mi corazón y l.c.
desafortunadamente
no es lo más apropiado para él.
Pero ese rato, mmmm...
es incomparable
provoca
hoy lo he decidido
orgasmos platónicos.
Los que sentís pasión por la leche condensada
sé que me entendéis,
los que no
qué puedo decir
intentadlo de nuevo.
4 de mayo de 2011
La llave de seda que abre el corazón
Acabo de abrir este archivo en una web de una productora de sonido, como el que abre un documento cualquiera que quiere ojear. No dejo de sorprenderme del poder que tiene la música sobre nosotros, sobre mí.
Me he sentido como si un gigante me agitara de repente y tocara sin pedir permiso mis entrañas. En realidad, no era un gigante, era una mano invisible, suave, que ha sabido encontrar la puerta para desarmarme. En ese momento, todos mis tejidos sensibles se reúnen y hacen planes de salir volando hacia tierras imposibles (o inconvenientes); ellos no entienden de esas estupideces, sólo quieren su alimento. Me veo transportada de repente al centro de mí misma. ¿Es bonito? No sabría. Es vital, pero intenso, demasiado intenso a veces. Aunque basta con que cese la música para ir volviendo lentamente a la periferia, conservando un sabor agridulce del viaje repentino.
Somos un complejo entramado de luces, que se apagan y encienden en función de tantas cosas... Hay zonas que pueden permanecer apagadas décadas, incluso una vida entera. Hay zonas que, quizá, no hemos visto jamás. Hay luces que en cuanto se encienden las apagamos como el que tira un zapato a una bombilla, desesperado por borrar ese escenario. (...) Y qué no va a pasar entonces con los demás, con el mundo, si no manejamos ni nuestro cuadro de luces.
Pero no quiero acabar esta entrada en la penumbra. Una de las cosas más bellas que existen es ir alumbrando un camino que estaba oculto y queriendo a ese paisaje que se revela. Y hay muchas manos que acompañar para no recorrer solos todo el viaje.
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