25 de enero de 2009

19 de enero de 2009

Dolor

Qué le dice el dolor a un ser humano asustado: Tócame, mírame, déjame hacer mi recorrido.


Como una patata caliente que nadie quiere tener en sus manos, lo haces volar por los aires, lo escondes, lo saltas... ¿Alguien sabe lo que es, qué aspecto tiene? ¿Tiene dientes afilados? ¿O cara de ogro? En nuestro mundo de supuesto bienestar y enfocado a la imagen, el dolor se pretende curar en los quirófanos cambiando de cara, de tetas, de nariz. En los bares, con los cigarros..., una lista infinita de ayudas al escapismo. Sí, tenemos recursos, de eso no hay duda. Pero, recursos ¿para qué?

Momento clave, repentino, como la vida, injusta y sin preaviso, como la muerte o el susto o la conciencia de que el mañana nadie lo pudo comprar aún. Accidente con buen final, pero lenta recuperación y el temblor de la tierra en nuestros cuerpos, de cuando sonó el teléfono y nos congeló el trabajo, el sueño, el paro; todo lo que no fuera ella, que esté bien, que esté bien, que esté bien. Y con nuestros huesos pesando como nunca nos fuimos comiendo los minutos de ese día a precio de horas y fuimos desmenuzando el dolor en pequeños hilos para que cupiese en cualquier parte del cuerpo, dentro, para que no asomase su cara por nuestros ojos de NO. Esquivamos lágrimas, dibujamos sonrisas de agua salada sin querer, queriendo.

Sí, hay momentos en que no podemos caer. Hay que flotar. Pero pasado ese momento quizá habría que pararse y dejar que el cuerpo recupere esos filamentos que hemos ido guardando en todas partes y se apropie de ellos, los mire de frente y se duela un poco o un mucho, sin recrearse. Llorando o como cada uno sepa, pueda, necesite. Creo que es necesario porque si no, y ocurre muy a menudo, esos pequeños trozos se van filtrando por todas partes con otros nombres, otras caras... Silencios que ahogan, absurdas críticas, discusiones por la compra, la comida, voces ásperas que sujetan rabia que quiere desmandarse; carcelitas para penas, grises como ellas, que oscurecen todo, opacan el aire que respiras.

Tanto miedo..., si después de un buen llanto se ve con más claridad el sol. Se respira mejor. Se abraza mejor. Y se dejan de ver fantasmas en todas partes

"Si uno no se desnuda se transfigura en reto todo lo desnudable..." Tocando fondo, del CD Rodríguez, de Silvio Rodríguez

14 de enero de 2009

Fluir o cómo dejar de pedir la luna

Morfeo está ya casi dándome gritos, pero yo me río de él (o eso me creo, mañana la que estará muerta de sueño seré yo) y no me resisto a lanzar una entrada al aire. También podría escribir en mi cuaderno no luminoso pero se coge un poco de adicción a la posibilidad de que lo lea alguien aunque sea uno, dos, ¿tres? Numérense... Pues esto era lo que hoy me ha quitado el sueño:

fluir.
(Del lat. fluĕre).
1. intr. Dicho de un líquido o de un gas: correr.
2. intr. Dicho de una idea o de una palabra: Brotar con facilidad de la mente o de la boca.

Fluir. Amar. Sin condiciones en cada página. Sin cláusulas a cada rato. Fluir. Suavemente. Sin saltos. Sin interrogatorios. Sin promesas. Ahora es siempre. Ahora tus ojos y tu voz. Ahora tu chispa. Es ahora tu calor. Mañana, mañana, mañana: una loca carrera a ninguna parte. Fluir. Sin juicios. Abrazando. Observando. No te puedo entregar el cielo (siempre quiero deslumbrar), no, sólo una pequeña nube a veces descosida, a veces radiante, a veces a rebosar. Si te es suficiente mi nube, quizá no tenga yo que pedirte la luna, y me pueda conformar con tu puñado de estrellas, a veces fugaces, a veces distantes. Quizá. Fluir. Derretir las palabras, que no se encuentren frías, chocando contra mi lengua y saliendo despedidas sin control. Fluir. Emborracharlas de endorfinas. Besarlas antes de que toquen tu oído. Lo que sea para que se apague el frío. Fluir. Es un deseo. Fluir no significa perderse, venderse, dejarse. Fluir. Elegir. Pero no romper antes de que nazca. Dejarlo existir. Cuando se acabe, a fluir a otra parte. Pero mientras esté, aunque sea un hilo. F....

20 de diciembre de 2008

Semana de Antivirus

Después de ya casi una semana, que parece un mes, intentando vencer al virus maligno que se quiere comer mi cuaderno luminoso, mi mente ha empezado a extrapolar, verbo extraño donde los haya y que le encanta (a mi mente).

El antivirus escanea, repasa archivo por archivo si hay infección y luego supuestamente cura. Esa fase todavía no la he podido concluir, confieso. Pero no os preocupéis, leer esto no os contagiará, no obstante, si queréis estar más seguros poneos guantes en los ojos y ya está. Perdón, creo que el virus está ahora jugando a la comba entre mis neuronas.

A lo que iba, extrapolemos: por qué no hay un antivirus para humanos, que escanee nuestro cerebro, nos pase un informe de los sectores dañados y luego nos haga un lavado, quiero decir una limpieza y restauración, y nos deje listos para ser felices. Aunque sigamos llevando un antivirus residente, así se llaman los que previenen el daño antes de que suceda. Que ve que nuestro cerebro va a volver a infectarse, stop, freno, lo detiene antes de que vuelva a minarnos y… reiniciamos el equipo. Jo, qué bien estaría, ¿no?

Aunque algo así creo que existe, pero es manual. Vamos, que tiene que ir uno mismo, como hormiguita revisándolo todo y estando alerta… en fin, agotador. Pongamos un fondo para investigación, por favor.
Corazón,
¿por qué te rehúyo?

Ya sé,
me avergüenzo de ti.
Eres demasiado blando,
demasiado rosa.
No haces juego
con mi disfraz de cactus.


Este poema lo escribí hace al menos siete años, pero hoy me ha venido a la mente (por qué será) y quería enseñároslo. Dicen (los psicólogos, no las malas lenguas) que cuanto más claramente se ven las cosas o dicho de otro modo, cuanta más conciencia tenemos de nosotros mismos, de lo que somos, tanto más cerca estamos de poder cambiar lo que deseamos.

Papá

No hay mayor sensación de impotencia que recordarte, dibujar tu cara entre mis lágrimas y mis párpados cerrados y tener la certeza de que nunca, nunca, por más años que viva, por más votos que hiciera u oraciones que rezara, NUNCA vas a volver. A veces hablo contigo, mando mensajes a... tus átomos dispersos en el aire del mundo y tengo la esperanza de que tu corazón me escuche desde algún sitio, desde todos los sitios.

13 de diciembre de 2008

Caminando entre mis sienes




FRENTE AL ESPEJO

No hay dinero ni tiempo
para arreglarlo todo:
ni el mundo ni a mí.

Tendré que acostumbrarme a vivir
con una sub-versión
de mí misma
y con un planeta roto.

- - o - -

MEMORIA DE MI PRIMER AMOR

Cuando uno quiere
revivir recuerdos
continuar pasados lejanos,
a veces consigue emborronarlos,
hacer de un querido personaje antiguo
una torpe y patética realidad.

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OTRA NOCHE MÁS LUCHANDO CONTRA LA GRAVEDAD DE LAS SÁBANAS

Morfeo,
so feo
no quiero caer en tus brazos.
No me fío de ti,
muerte pequeña
que me arrebatas la luz
y no me dejas ver mis sueños.
Quién sabe qué tramas cada noche
en el lado más oculto de mi nuca.

Idas y venidas de la informática

Cansada, retoco y reescribo parte de estos tres poemas que tenía en mi cuaderno para publicarlos esta noche. Cuando ya lo tengo todo escrito en el blog, al subir la canción, se me bloquea el programa y se cierra..., uf, qué impotencia. Golpeo la mesa, recuerdo a los dioses, incluso se me escapa alguna lágrima. Cómo reconstruyo todo ahora con la mente más dormida que despierta. Lo hago, porque no quiero perderlo, esta vez en word, consigo casi, lo que tenía, salvo dos versos. Vuelvo al blog para publicarlo. Sorpresa!!! Me lo había guardado......... Ahgggg. Bueno, recuperé mis dos versos.