A veces el demonio,
vestido de ángel,
entra en nuestra casa,
usa nuestras zapatillas
y nuestra sonrisa.
Un buen día
no, un mal día,
desata su infierno
y dispara ínfimos cañones
invisibles dardos
que se cuelan
en todas las habitaciones.
(Una casa en la que habita un ángel
no tiene rejas)
Entonces
cuando el dolor se calme
hay que purificar ese hogar
airearlo
besarlo, si es preciso,
reaprender con él
la mirada de un ángel.
Lo cotidiano, lo humano (y poco divino). Sentimientos, presentimientos, pensamientos y otras flores..., a veces con humor, casi siempre con amor.
22 de marzo de 2007
21 de marzo de 2007
A mis queridos lectores silenciosos
Normalmente cuando no hay comentarios creo que nadie me lee. Pero una pececita muy querida me contó un día que me leía siempre y sin embargo pocas veces escribe. Me hizo mucha ilusión, por supuesto. También de algún comentario que habéis dejado se deduce que no siempre escribís, lógicamente. Es que mi mente a veces es muy plana: no veo respuesta, no ha venido nadie. Todo esto al final lo que hace es halagarme. El que una sola persona me lea siempre ya es un milagro (no te preocupes, pececita, si ahora me lees menos, no te sientas obligada a alimentar este adverbio, te utilizo como ejemplo), y que haya más que lo hagan de vez en cuando o a menudo, es una gran alegría, una caricia en el alma.
Y como no puedo contestar vuestros comentarios, os dedico esta entrada y este poemita con el color de mi alma, malva.
Gracias por vuestros ojos
vuestro corazón.
Por dejaros empapar
por mis ideas, mis emociones,
mis juegos, mi mirada.
Sois el colchón de luz
donde me recuesto
donde sueño y añoro.
Donde invento.
Sois mi eeeeeeeeeeecoooooooooooooooooooooo.
Y como no puedo contestar vuestros comentarios, os dedico esta entrada y este poemita con el color de mi alma, malva.
Gracias por vuestros ojos
vuestro corazón.
Por dejaros empapar
por mis ideas, mis emociones,
mis juegos, mi mirada.
Sois el colchón de luz
donde me recuesto
donde sueño y añoro.
Donde invento.
Sois mi eeeeeeeeeeecoooooooooooooooooooooo.
13 de marzo de 2007
9 de marzo de 2007
25 de febrero de 2007
Roble
Viajo por tus raíces
y encuentro templos de miel
palabras jugosas
consuelos rotundos.
Cuevas de luz
donde viven los sueños
cuando estamos despiertos.
y encuentro templos de miel
palabras jugosas
consuelos rotundos.
Cuevas de luz
donde viven los sueños
cuando estamos despiertos.
11 de febrero de 2007
Una mañana de sábado
Hoy me he parado a admirar una floristería pequeñita que hay en mi barrio. Lo sacan todo a la calle, y siempre tienen cosas delicadísimas. Tulipanes morados, centros de flores con detalles diminutos y precisos, que son como mini jardines, pequeñas ciudades del edén. Observarla es detener el tiempo y dejar que la belleza te empape.
Mientras estaba en esa fase de soñar despierta se ha colado en mi nariz, y en todo mi cuerpo, el aroma indescriptible del pan recién hecho, que salía del horno que hay junto a la floristería. He respirado ese pan y por un instante me he sentido transportada al pasado, no sé bien a cuál, pero a algo auténtico y entrañable.
Quizá esa conjunción ha hecho que no pudiera resistir la tentación de entrar a comprarme esa rama de cerezo que hace tiempo me prometí. Traspasar esa puerta es como entrar al País de las Maravillas: unas bolas transparentes cuelgan hoy del techo, tienen unas pequeñas figuras dentro que parecen iluminadas de forma tenue. Ramas de cerezo con formas sinuosas rodean la breve pared de la tienda. De una planta cuelga un adorno de cuentas en forma de cascada. Y si miras el pequeño escaparate, nadie podría decir que es pequeño porque es inmenso en sus detalles. Va cambiando según la estación y, quizá, según el estado de ánimo de su creador. Yo he visto pasar por él, nieve, pero nieve cayendo, ríos en movimiento, multitud de gnomos, y seres fantásticos, animales diversos, mágicas iluminaciones...
Recuerdo cuando la descubrí: estaba emocionada y me apetecía transmitírselo, agradecérselo, al dueño, a quien atribuyo la creación de todo ese mundo mágico. Era un chico de unos treinta y tantos, con una expresión árida en su cara y palabras escuetas, nada acogedoras. Ya no recuerdo bien si se lo llegué a expresar o no, atemorizada ante su frialdad, pero fue y sigue siendo un enigma para mí. ¿Es que se seca después de construir ese pequeño bosque? Toda la frondosidad y belleza que le rodean no parecen afectarle, cuando te atiende es cordial sin excesos y su sonrisa no se asoma nunca al vergel de su tienda. Es un pequeño desierto en medio del oasis que él mismo ha construido.
Mientras estaba en esa fase de soñar despierta se ha colado en mi nariz, y en todo mi cuerpo, el aroma indescriptible del pan recién hecho, que salía del horno que hay junto a la floristería. He respirado ese pan y por un instante me he sentido transportada al pasado, no sé bien a cuál, pero a algo auténtico y entrañable.
Quizá esa conjunción ha hecho que no pudiera resistir la tentación de entrar a comprarme esa rama de cerezo que hace tiempo me prometí. Traspasar esa puerta es como entrar al País de las Maravillas: unas bolas transparentes cuelgan hoy del techo, tienen unas pequeñas figuras dentro que parecen iluminadas de forma tenue. Ramas de cerezo con formas sinuosas rodean la breve pared de la tienda. De una planta cuelga un adorno de cuentas en forma de cascada. Y si miras el pequeño escaparate, nadie podría decir que es pequeño porque es inmenso en sus detalles. Va cambiando según la estación y, quizá, según el estado de ánimo de su creador. Yo he visto pasar por él, nieve, pero nieve cayendo, ríos en movimiento, multitud de gnomos, y seres fantásticos, animales diversos, mágicas iluminaciones...
Recuerdo cuando la descubrí: estaba emocionada y me apetecía transmitírselo, agradecérselo, al dueño, a quien atribuyo la creación de todo ese mundo mágico. Era un chico de unos treinta y tantos, con una expresión árida en su cara y palabras escuetas, nada acogedoras. Ya no recuerdo bien si se lo llegué a expresar o no, atemorizada ante su frialdad, pero fue y sigue siendo un enigma para mí. ¿Es que se seca después de construir ese pequeño bosque? Toda la frondosidad y belleza que le rodean no parecen afectarle, cuando te atiende es cordial sin excesos y su sonrisa no se asoma nunca al vergel de su tienda. Es un pequeño desierto en medio del oasis que él mismo ha construido.
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